Vida

La vida de Fray Andresito

En el presente estudio histórico presentamos la Biografía crítica de Fr. Andrés García Acosta (1800-1853) que abarca de 1800 a 1993.

El primer desafío fue la investigación y recopilación de toda la documentación posible para establecer del modo más exacto posible los datos fundamentales de su biografía. Por este motivo, visité los archivos de Santiago de Chile, Roma, Ciudad del Vaticano, Fuerteventura v Las Palmas de Gran Canaria en España. Solicité información a especialistas y archiveros de Sevilla (España), Montevideo (Uruguay), Ocopa (Perú), Tarija (Bolivia) y otros archivos.Una vez recopilada la documentación, abundante y en gran parte inédita, he seleccionado el material más importante que permite conocer de un modo más crítico la vida de Andrés García.

Durante la investigación consulté una vasta historiografía referente al personaje y traté de confrontar datos y corregir errores encontrados.

La presente biografía está dividida en cuatro capítulos, dedicado, cada uno de ellos, a un período determinado de su vida. Cada capítulo está subdividido en títulos de acuerdo con las etapas características de su vida encuadrándolas en el contexto socio político y religioso en que vivió.

El primer capítulo se sitúa en la Isla de Fuerteventura en las Canarias de 1800 a 1833, en que Andrés García emigra a América. Dentro del medio geográfico de la Isla es posible reconstruir el ambiente familiar, social y religioso en que se desarrolla la primera etapa de su vida. Ha sido posible identificar los miembros de su familia y su origen, elementos casi desconocidos por sus biógrafos hasta el presente, su actividad campesino pastoril y en el ámbito religioso, el influjo franciscano que reinaba en la isla desde su primera evangelización.

El segundo capítulo, que ocupa un período más breve, de 1833 a 1839, se desarrolla en Montevideo, capital de Uruguay, destacando los aspectos de la inmigración europea y sus condiciones de vida. La documentación obtenida aporta nuevos datos sobre la vida de Andrés: su paso por el Hospital de Caridad, el encuentro con el franciscano de la observancia Fr. Felipe Echenagussia, su acción polifacética como labrador, albañil y vendedor de libros, la supresión de la Orden de San Francisco y su consiguiente exilio y marcha a Chile.

El tercer capítulo, abarca el período comprendido entre 1839 y 1853 en Santiago de Chile; decisivo en su vida.Ofrece este capítulo diversas facetas de su vida evangélica, basadas en la Copia Pública del Proceso Ordinario de Canonización del Siervo de Dios, conservado en la Postulación General de la Orden Franciscana en Roma.

En el cuarto capítulo, titulado “Fama de Santidad 1853-1993?, se utilizan las fuentes que proporcionan el reconocimiento constante de la fama de santidad de Andrés García.

Fr. Juan Ramón Rovegno Suárez O.F.M.

1800-1832

1. Descripción de la Isla de Fuerteventura

Andrés García Acosta nació en la Isla de Fuerteventura, situada a unos 100 kms. del continente africano, perteneciente al Archipiélago de las Islas Canarias, que incluye, además de estas islas, las de La Palma, El Hierro, La Gomera, Tenerife, Gran Canaria, Lanzarote y las islas menores (Graciosa, Alagranza, Lobos). Fuerteventura es de forma alargada, unos 100 kms. de longitud por unos 20 kms. de ancho como media, con una extensión total de 731 kms. El clima es de una sequedad muy acentuada; dominan en la isla las condiciones climáticas de las zonas bajas, es decir, áridas. El problema de la escasez de agua es gravísimo. Fuerteventura era, en la época de Andrés, una de las islas del archipiélago más atrasadas económicamente. Sobre todo por la falta de recursos hidráulicos que ha imposibilitado el desarrollo agrario de la misma, y que históricamente ha dado lugar a terribles hambrunas, que han producido frecuentes emigraciones.Aun hoy día la agricultura es escasa y en continua amenaza; se reduce a cultivos herbáceos en las zonas medias: la agricultura del secano son los cereales (trigo, cebada, mijo), base de la elaboración del gofio; las hortalizas, (tomate, cebolla, ajo, papas), y la alfalfa para forraje. La ganadería no tiene mejor futuro que la agricultura: los pastos son escasos, el ganado existente está condicionado por este hecho y por las características del terreno; las cabras tienen cierta importancia. Con estas circunstancias ecológicas, climatológicas y geográficas podemos comprender la escasa población de la isla. Los caseríos eran pequeños y aislados unos de otros, aunque con tendencia a la agrupación

2. Antecedentes Familiares

Andrés Antonio María de los Dolores, era hijo de Gabriel García y Agustina de Acosta. Nació el 10 de enero de 1800 en Ampuyenta, Caserío pequeño con su Ermita de San Pedro de Alcántara. La casa del siervo de Dios, que aún se conserva tal como era, es de piedra cubierta de paja y consta de una habitación y una cocina como las otras del caserío, lugar de peregrinación al cuidado del Ayuntamiento.Fue bautizado el 18 de enero del mismo año por el Presbítero .losé Ramón Velázquez en la Parroquia de Santa Ana de Casillas del Ángel, siendo su padrino el Presbítero Antonio Mena del Castillo. Su padre, Gabriel, era hijo de Luis García y Manuela de Acosta; y su madre, Agustina, hija de Pedro de Acosta y Catalina Carrión; ambos naturales de Ampuyenta. Gabriel y Agustina contrajeron matrimonio el 21 de noviembre de 1793, previa dispensa de consanguinidad concedida por el Obispado de las Palmas por ser parientes en tercer grado.Los matrimonios entre parientes eran comunes en la Isla de Fuerteventura. La poca población y la obvia situación de aislamiento produjo como consecuencia que los matrimonios se concertaran entre las familias próximas en parentesco. De este modo, la tierra y el ganado se agrupaban y se concentraban evitando la disgregación y dispersión. Por otra parte, la falta de intercambio económico no permitía la comunicación social y la carencia de dinero cerraba aún más el círculo insular.En 1802, habitaban en Fuerteventura 2.941 familias, con aproximadamente unos 4,23 individuos cada una, dando una población total de 12.451 habitantes, de los cuales 6.136 eran varones y 6.315 mujeres. Andrés tuvo 3 hermanos, Rafaela Catalina (* 22 octubre 1794); Eugenio Antonio (* 7 septiembre 1797) y María Felipa (* 23 agosto 1803).Su padre falleció el 5 de julio de 1805. Agustina Acosta contrajo matrimonio en segundas nupcias el 30 de septiembre de 1806 con Pedro Nolasco Fernández García, proveniente de Breña Alta, Isla de la Palma. De este segundo matrimonio nació, el 24 marzo de 1808, José María de la Encarnación.

3. Raíces Franciscanas

Los Franciscanos jugaron un papel importante en la evangelización del archipiélago Canario al ser los primeros religiosos que se establecieron a partir de 1416 en Fuerteventura, fundando el superior Fray Juan de Baeza el convento de Betancuria que contribuyó a profundizar el sentido teológico religioso y ejercieron, hasta en los más abandonados rincones de la isla, la función sacralizante con verdadera virtud.La Isla de Fuerteventura adquirió también, merced a ellos, un sentido de sencillez franciscana y un talante de hospitalidad que mitigó muchas veces su existencia cruda y difícil. Así como los clérigos seculares se movían entre las clases dominantes, los frailes de San Francisco encajaron en la conducta de las clases humildes.Dejó una profunda huella en la Isla, el hermano lego franciscano San Diego de Alcalá. Nació cerca del 1400 en San Nicolás del Puerto en el Reino de Sevilla, Andalucía. Deseoso de soledad y penitencia, aún joven llevó por varios años vida eremítica en la Iglesia de San Nicolás. Unido a la oración y contemplación, el trabajo de la huerta y la confección de pequeños utensilios para uso doméstico. Entró a los Frailes Menores en el convento de Arizafe, un poco distante de Córdova, y realizó el noviciado como Hermano lego. En el 1441 fue mandado a las Islas Canarias, siendo designado Guardián del Convento de Fuerteventura el año 1446.Trabajó con particular celo por la defensa de los indígenas. El año 1449 pidió volver a España. Viajó a Roma el año 145 para ganar el jubileo y asistir a la canonización de San Bernardino de Siena. Este mismo año, se desató la epidemia en Roma y San Diego se dedicó a la atención de los enfermos. Falleció el 12 de noviembre de 1463 en Alcalá de Henares, cerca de Madrid. Fue canonizado el 2 de julio de 1588 por el Papa Sixto V. La presencia franciscana en la Ermita de San Pedro de Alcántara hubo de influir en la vida y decisión religiosa vocacional de Andrés. La Ermita posee en su interior siete grandes cuadros sobre la vida de San Pedro de Alcántara pintados en el siglo XVIII, sin datos sobre su autor.Esta influencia franciscana se manifestará en el campo de la enseñanza y en la religiosidad popular con las devociones a la Virgen de la Peña, al Via Crucis, a San Diego, a an Andrés y a las Ánimas. Los conventos de los frailes desaparecieron todos a causa de la Desamortización y Exclaustración de 1835.

4. El Majorero

Majorero es la expresión propia para designar a los Isleños nativos de Fuerteventura, proveniente de la palabra Maho que adquiere la acepción de “gente del país” u “hombre de la tierra” con el sufijo castellano “ero” Todo indica que el joven majorero pasó su adolescencia y años de juventud como pastor de cabras. Ser pastor era el oficio de la mayoría de los majoreros desde los primeros tiempos. Así, como los otros pastores de esa época, seguramente recoma con su rebaño grandes extensiones de terreno para encontrar pasto y agua. Andrés, según sus biógrafos, apacentaba sus animales casi siem¬pre separado de sus compañeros y rezando. De regreso, al ponerse el sol, enseñaba la doctrina cristiana a los niños de los alrededores de su casa y cantaba alabanzas a la Virgen María. Su vida como pastor la asumió como parte de su responsabilidad familiar, aunque también ayudara en las tareas propias de un labrador.

5. Camino de América

La vida del joven pastor continúa su ritmo normal: encontrarse todos los días con este “paisaje evangélico”, llenar su espíritu en este “oasis vivificador” y formar parte de esta “isla para peregrinos”, “peregrinos del ideal”  Esta monotonía se rompió con acontecimientos familiares. Su hermano Eugenio, el 12 de diciembre de 1830, contrajo matrimonio con María Juana Jordan siendo testigo el padrastro Pedro Fernández; no mucho después, el 11 agosto de 1831, falleció su madre Agustina Vda. de Fernández. El 27 de febrero de 1832, Andrés actuó de testigo en el matrimonio de su hermana María Felipa con Francisco Pérez.  Poco después, muertos sus padres y casados sus hermanos, partió hacia América, formando parte de una de las expediciones que constituyeron la gran corriente migratoria del período. Los movimientos migratorios masivos de las islas fueron provocados por las hambrunas periódicas, la escasez de trabajo, el elevado índice demográfico, sequías y por la política migratoria llevados a cabo por las Repúblicas de América y España.

1833-1839

1. El Inmigrante Canario

Andrés, partió de Fuerteventura a mediados de 1832, en compañía de unos parientes entre los que se encontraba, según algunas fuentes, su hermano Eugenio. Se unirá a los  grandes grupos de inmigrantes canarios que zarparon a tierras americanas, especialmente a Venezuela, Cuba y Uruguay. Los emigrantes canarios que se enrolaban en las  expediciones rumbo a América, normalmente habían de arrostrar muchas penalidades en la navegación: mal trato por parte del capitán del barco, escasez de agua y víveres,  hacinamiento en los barcos pequeños; a veces hasta un número de 500 a 600 pasajeros, casi de pie, en un viaje que duraba de 25 a 30 días. Según un testimonio de la época,  la travesía de Andrés fue penosa debido a las tempestades y a las escenas desagradables que siempre suceden entre marineros y pasajeros.  El transporte de los emigrantes canarios constituyó, en más de una ocasión, una forma de esclavitud y un rentable negocio. Algunos vieron peligrar hasta su existencia en  la travesía. Se produjeron varios motines de pasajeros descontentos con el trato de a bordo. Andrés García llegó desde Buenos Aires (Argentina) al puerto de Montevideo  (Uruguay) el 11 de diciembre de 1832 en la Goleta Flor del Río.

2. Montevideo Naciente

El contexto histórico en el cual se integró Andrés García era el de la nueva República Oriental del Uruguay, donde el 4 de octubre de 1828 se firmaba la Convención  Preliminar de Paz con los gobiernos de las Provincias Unidas y Brasil; el 22 de noviembre del mismo año se instalaba la Asamblea General Constituyente y Legislativa del  Estado y el 18 de julio de 1830 se juraba la Constitución en la que se reconocía como religión oficial la Católica. El 24 de octubre de 1830, el General Fructuoso Rivera  fue elegido primer Presidente Constitucional de la nueva República y gobernó hasta octubre de 1834. Su período no estuvo exento de movimientos revolucionarios (1832-1834)  guiados por el General Juan Antonio Lavalleja.  La República vivía una situación de guerra civil. Es en este período cuando se acrecienta la llegada de inmigrantes canarios or la política de demanda de mano de obra  extranjera. Entre los inmigrantes canarios, Andrés ejerció la actividad de labrador, mientras participaba de la vida de sus conocidos, que, al parecer, no eran pocos, según  escribía, desde Montevideo, en una carta del 15 de mayo de 1834. El 9 de septiembre de 1834 el gobierno de Rivera fundó en la falda del Cerro de Montevideo la Villa  Cosmópolis para inmigrantes. En octubre de 1834 se cumplieron los 4 años de gobierno de Fructuoso Rivera, delegó el mando en Carlos Anaya, Presidente del Senado. Fructuoso  Ribera fue nombrado Comandante General de la Campaña, que debía custodiar su orden, repoblarla y vigilar la frontera. Manuel Oribe asumió la Presidencia el 1° de marzo de  1835, sus objetivos eran ordenar y racionalizar la administración y controlar el gasto Público. Su gobierno contó con la oposición de Rivera y sus partidarios, que ejercían  un gobierno paralelo desde la comandancia General de la Campaña.

 3. El Hospital de Caridad Montevideo

Hacia el año 1835, contaba con una población de 14.390 habitantes en la ciudad y 9.014 en extramuros, lo que daba un total de 23.404 habitantes. De acuerdo con los “Anales  Históricos”, había escasez de trabajadores; así, el inmigrante encontraba, en el acto, habitación, alimento y salario. Según los datos estadísticos en 1835, los inmigrantes  eran 1.803, en su mayoría vascos, canarios y franceses. En el plano sanitario existía el Hospital de Caridad, fundado en 1781 por el regidor y síndico procurador general,  Mateo Vidal, con el fin de asistir a la población civil carente de recursos. Este hospital ejerció una gran labor asistencial a los inmigrantes canarios. En las entradas  correspondientes al Hospital (14 julio 1835) consta de la asistencia a “Andrés García, soltero, labrador”

 4. El Convento de San Francisco

La presencia Franciscana en Montevideo data de 1625 con Fray Juan Vergara y Fray Pedro Gutiérrez, quienes fundaron la reducción de los Charrúas. En 1724, Fr. José Javier  Cordobés celebró la primera misa y bendijo la piedra fundamental de la ciudad de Montevideo. Los observantes se establecieron en el año 1742 con un hospicio e  inmediatamente abrieron la primera escuela de instrucción primaria que existió en la Banda Oriental; el mismo año fundaron la Tercera Orden que tanta influencia tuvo en el  país.  El 1°de septiembre de 1761 se fundó el convento San Bernardino de Montevideo al que se vincularon sectores más populares e incluso marginados, como asimismo importantes  personajes del mundo político e intelectual de la época. En su iglesia estaba erigida la cofradía de los negros. En 1768 se inauguraron las clases correspondientes al ciclo  secundario, y años más tarde, se crearon varias cátedras de nivel universitario (filosofía en 1786 y teología en 1790) en unión con la Universidad de Córdoba y propagaron  la doctrina del teólogo jesuita Francisco Suárez de acuerdo a su”De legibus” y su “Defensio Fidei” El General José Gervasio Amigas (1764-1850) se educó con los franciscanos  y fue acompañado por éstos en toda su lucha por la independencia.  En 1828, Fr. Lázaro Gadea, en la Asamblea Constituyente, postuló como denominación para el nuevo país: “República Oriental del Uruguay” por sus raíces franciscanas, no le  fue difícil a Andrés vivir su religiosidad y contactar con Fr. Felipe Echenagussia OFM, que será su confesor, director espiritual desde 1835, y amigo. Fray Felipe nació el  30 agosto 1773 en la villa de Cizurquil, Provincia de Guipúzcoa, España. Fueron sus padres Juan Antonio de Echenagussia y María Josefa de Arastoa. Bautizado el 31 de agosto  de 1773, vistió el hábito de novicio el 4 diciembre 1798, en el convento de extramuros de San Sebastián. Profesó el 4 de diciembre 1799. Se ordenó sacerdote el 20 de  diciembre de 1800. El 26 de septiembre de 1801, fue nombrado confesor para seglares. El 9 de marzo de 1803 se embarcó en el Puerto de Santa María (Cádiz) con destino a  Tarija (Bolivia); fue misionero en los Colegios de Tarija (1803-1814) y Moquegua (1814-1825). Admitido en el Colegio de Propaganda Fide el 7 de diciembre de 1825, en Arcos  de la Frontera, actual provincia de Cádiz, España. Fr. Felipe habitaba en el convento de los Frailes Menores de Montevideo, llamado por el pueblo, convento de San  Francisco, perteneciente a la Observancia.  Podemos deducir que Andrés García ingresó al convento franciscano después del 14 julio 1835 ya que hasta ese momento ejercía como labrador. Sus parientes tuvieron noticias  de que había “tomado el hábito de la religión seráfica”, y su tío le expresa: “Dios permita que sea para honra y gloria suya y bien para nuestras almas: así te suplico  ruegues al Señor nos dé su bendita gracia para servirle y amarle… ” Las circunstancias políticas del Uruguay se agravan el 9 de enero de 1836 al decretar el presidente  Manuel Oribe la supresión de la Comandancia General de la Campaña, lo que produjo la Revolución de julio de 1836 dirigida por su comandante Fructuoso Rivera. Entre las  medidas para enfrentarla, Oribe dictó un decreto el 10 de agosto por el que la población civil y militar debía usar un distintivo de color blanco. Entonces los  revolucionarios adoptaron cintas de color rojo. Estrenaron sus divisas en la batalla de Carpintería, el 19 de septiembre de 1836, en que fueron derrotados los riveristas.  Andrés, en este año, era Hermano Donado, destinado por el Guardián Fr. Hipólito Soler a ejercer el oficio de recolector. Se desempeñó con humildad al ir por las casas  pidiendo ayuda, dispuesto a todo tipo de situaciones; fue hombre de paz ante las injurias y vejámenes.  Fr. Francisco Pacheco, Guardián de Andrés en la Recoleta Franciscana de Santiago de Chile, expresaba en el Proceso Ordinario: “El guardián lo puso de limosnero por algún  tiempo hasta que lo echó del convento con sentimiento del padre Felipe” En 1837, Andrés, salido del convento, se desempeñó primero como obrero de la construcción en la Casa  de ejercicios del Obispado de Montevideo y luego como vendedor de objetos de devoción como novenas, rosarios etc. La llamada del Señor a vivir su vocación cristiana según  el estilo de San Francisco, en fraternidad, lo hace reconsiderar su momento de debilidad de haber abandonado el convento, por lo que decidió pedir su reingreso al mismo  Guardián, Fr. Hipólito

5. Expulsión de los Frailes

A nivel sociopolítico, sigue la confrontación entre Manuel Oribe y Fructuoso Rivera, terminando en una verdadera guerra civil; el 15 de junio se libró la batalla del Palmar  entre las fuerzas al mando del general Ignacio Oribe y las del general Rivera. Fue, para Rivera, una victoria decisiva. Oribe renunció a la presidencia el 14 de octubre de  1838, asumiendo el poder nuevamente Rivera, el 1 de noviembre, y disolviendo las Cámaras al día siguiente. Es en este período cuando tuvo lugar el desenlace fatal para la  vida de los franciscanos de la Observancia en el Uruguay. En diciembre de 1838, al tiempo que Andrés era portero y limosnero del convento, el Gobierno de Rivera declaró  extinguida la Orden y decretó que dicho convento de San Francisco pasara a ser sede de la futura Universidad. Entre los motivos aducidos para la extinción estaban: “no  tener un número suficiente de religiosos y, empeñarse en restablecerlo, sería contrariar la tendencia de las sociedades modernas, oponerse al progreso de la civilización y  multiplicar los establecimientos improductivos”

6. Rumbo a Chile

Una vez expulsados del convento, Andrés García, para subsistir, volvió a su oficio de peón y de vendedor. Fr. Felipe fue a vivir al Hospital de Caridad como capellán y allí  le visitaba Andrés. En una de esas visitas, su padre espiritual le comunicó que, en Chile, se había restablecido la antigua Recoleta de San Francisco, y lo invitó a  dirigirse a ella, lo que Andrés aceptó acompañando a su director espiritual. Los Franciscanos entraron a Chile el 29 de agosto de 1553 y llegaron a Santiago en los primeros días de octubre, provenientes de la Provincia Franciscana de los XII  Apóstoles del Perú, habiendo hecho el viaje por Charcas. Cinco religiosos componían la misión: los Padres Martín de Robleda, Superior o Comisario, Juan de Torralba,  Cristóbal de Rabaneda, Juan de la Torre y el Hermano Lego Francisco de Frejenal. Llegados a Chile, dieron comienzo, de inmediato, a la evangelización de los naturales,  atención espiritual de los españoles y organización de la Orden.  En el Capítulo de la Provincia de los XII Apóstoles, celebrado A fines de 1556, al que asistió el P Robleda, fue éste nombrado Custodio, a fin de que representara a las  Custodias dependientes de la Provincia de Lima en el Capítulo General de la Orden que había de celebrarse en el año 1559 en Aquila, Italia. El Capítulo General de  Valladolid (1565), con la aprobación de Pío IV, declaró la Custodia de Chile independiente de la Provincia del Perú elevándola a la categoría de Provincia con el título de  la Santísima Trinidad.  El 2 de enero de 1571 se dio cumplimiento al decreto de creación de la Provincia. El P Juan del Campo, Comisario General del Perú, había comisionado para ello al P Juan de  Vega quien, en esa fecha, celebró en Santiago el primer Capítulo Provincial en el que fue él mismo elegido Ministro Provincial. Tenía entonces la Provincia 14 sacerdotes, 7  religiosos y 6 hermanos legos. Los conventos fundados hasta ese momento eran 10 (Nuestra Señora del Socorro en Santiago, Nuestra Señora de los Remedios en Valdivia, Nuestra  Señora de la Buena Esperanza en La Serena, San Cosme y San Damián en Osorno, Santa María de los Ángeles de Angol, Nuestra Señora de las Nieves de Villarrica, San Francisco  de Castro, San Francisco de Jesús de la Imperial, etc.). Fueron así los franciscanos los primeros que recorrieron, en el siglo XVI, una gran parte del territorio sur de Chile, fundando algunas estaciones misionales, todas las  cuales desaparecieron, sin que de ellas quedase ningún recuerdo, con el alzamiento de los araucanos en 1599 y destrucción de las ciudades del sur. Durante los siglos XVI y  XVII ocuparon las sedes episcopales de Santiago los franciscanos Fr. Fernando de Banáonuevo (1566¬1568), Fr. Diego de Medellín (1574-1593), Fr. Pedro de Azuaga (1595¬1597),  Fr. Juan Pérez de Espinoza (1600-1622), Fr. Diego de Umansoro (1660-1676) y de la Diócesis de la Imperial Concepción Fr. Antonio de San Miguel (1569-1590) y Fr. Luis  Jerónimo de Oré (1620-1630).  La principal fundación que los franciscanos hicieron en Chile, en el siglo XVII, fue el Colegio de San Diego (1663), en Santiago, destinado a los estudios de artes mayores  y teología. Al empezar el siglo XVIII, la Provincia tenía doce conventos con más de 160 religiosos, a mediados de ese siglo (1756) se fundó el Colegio de Misiones San  lldefonso, Sus iniciadores salen del Colegio de Misiones de Santa Rosa de Ocopa Perú. El territorio, que el nuevo Colegio asumió, partió del río Bío Bío y llegó hasta las  Islas del Archipiélago de Chiloé; pero principalmente se dedicaron a la atención de los indios pehuenches. En este Colegio se educó, en 1788, el Capitán General Libertador  Bernardo O’Higgins y fue su gran amigo de toda la vida el Rector, Fr. Francisco Javier Ramírez.

1839-1853

1. Viaje a Valparaíso

Andrés García pagó, el 8 abril de 1839 en Montevideo, la cantidad de sesenta patacones (Peso, Duro) por su pasaje en el bergantín “Floraville” hasta Valparaíso. El viaje fue difícil por las tempestades en el paso del Cabo de Hornos y por el ambiente entre los marineros. Andrés se esforzó por evangelizar a la tripulación, y por lo  que sufrió malos tratos, el P. Felipe Echenagussia intervino con energía para que abandonara su actitud y no expusiera su vida. En aquella época, la República de Chile estaba gobernada por don Joaquín Prieto quien asumió la Presidencia el 18 de septiembre de 1831 y la ejerció por dos períodos  consecutivos.  Tres hechos importantes se advierten durante su gobierno: El 25 de mayo de 1833 fue promulgada la Constitución de más larga existencia que ha tenido Chile, pues estuvo  vigente por casi un siglo. El segundo hecho, la presencia de Diego Portales Palazuelos (1793-1837) Ministro del Interior y Relaciones Exteriores. Se destacó por su sentido  de orden jurídico-político reconocido y su mucho afecto al principio de autoridad. En tercer lugar, la guerra contra la Confederación Perú Boliviana originada por los  intentos de hegemonía del General boliviano Andrés de Santa Cruz, que pretendía formar una gran unidad política con Chile, Perú, Ecuador y Argentina. Diego Portales  combatió las aspiraciones de Santa Cruz, lo que dio margen a que se declarara la guerra el 28 de diciembre de 1836.  Finalizó la guerra el 20 enero 1839 con la victoria del ejército chileno en la batalla de Yungay dirigida por el General Manuel Bulnes. En noviembre de ese mismo año, el  ejército hizo su entrada en Santiago, en medio de las aclamaciones de la muchedumbre.  La vida religiosa pasó por un período de relajación; los religiosos poseían y administraban sus propio peculio, lo que condujo a los frailes a llevar un régimen de vida muy  independiente dentro del claustro. Así llegó a reducirse la vida comunitaria al rezo del oficio y al estudio. No eran pocos los regulares que vivieron fuera del claustro,  sirviendo capellanías o curatos, para poder solventar las necesidades de parientes pobres. Se dieron algunas extravagancias en el modo de vestir. Se consiguieron fáciles  dispensas de reglamentos y leyes. Los superiores llamaron a sus frailes a una mayor observancia, esperando conducirlos a una vida más consecuente con su vocación. Fr. José de la Cruz Infante (1762-1843),  bachiller en Sagrada Teología por la Universidad de San Felipe, Examinador Sinodal del Obispado, Rector del Colegio de San Diego, maestro de novicios, Custodio y Visitador  de la Provincia en 1825, se esforzó en restaurar la Observancia en la Provincia Franciscana apoyado por el Vicario Apostólico Mons. Juan Muzi, Delegado del Papa León XII  ante el gobierno de Chile.

2. La Recoleta Franciscana

El convento de la Recoleta Franciscana de Santiago fue fundado por Real Cédula de 30 de mayo de 1662, en terrenos donados, el 17 de junio de 1663, a la Provincia de la  Santísima Trinidad por el matrimonio Nicolás García y María Ferreira. El Gobernador Bernardo O’Higgins, en documento extendido el 8 de octubre de 1821, pidió a las  religiosas contemplativas de Santa Clara que se trasladasen a la Recoleta Franciscana, luego de vender sus terrenos del monasterio por el bien de la patria.  El P. Infante consiguió, en 1824, del arzobispo Muzi, la autori¬zación para reinstalar la Recoleta, lo que se hizo efectivo el 27 de mayo de 1837, cuando la Provincia de la  Santísima Trinidad cedió el antiguo convento de la Recoleta al Padre Infante14, y las Religiosas contemplativas de Santa Clara, que allí moraban, lo entregaron el 21 de  diciembre del mismo año.  En octubre de 1838, se instala nuevamente la comunidad Franciscana con el espíritu de la estricta observancia para vivir con mayor fidelidad la Regla de San Francisco. El 10 de julio de 1839, el P Infante recibió a Fr. Felipe Echenagussia y al “Hermano Andrés, secular de Montevideo”, asignándoles las celdas del oriente del Lúcumo como  habitación. La comunidad estaba compuesta por el Padre Guardián, que era el único sacerdote, dos seminaristas, un hermano lego y un donado. Andrés fue destinado a la cocina para ayudar al cocinero, lavar los platos y barrer; labores que desempeñaba con humildad, dedicación y alegría.

3. Recorriendo Santiago

El 2 de agosto de 1839, el P. Infante expuso a Fr. Felipe la necesidad de nombrar un hermano limosnero, Fr. Felipe le sugirió al hermano Andrés. El Guardián no lo encontraba  suficientemente inteligente para el desempeño del oficio; pero no obstante, ese mismo día llamó a Andrés y le propuso el oficio. Aceptó con gusto, afirmando que, en el  convento de Montevideo, había sido dos veces limosnero y traía el hábito que allá había usado hasta el decreto de expulsión. De inmediato, se realizó la ceremonia de  vestición que lo identificaba como hermano donado.  Esta era la rutina diaria de Andrés: cada día se levantaba a las cuatro de la mañana para ayudar la primera misa; comulgaba diariamente y luego hacía su oración de acción  de gracias A las siete de la mañana, salía a pedir limosna, recorriendo las calles de Santiago por los pavimentos de gruesas piedras de río y veredas labradas de duras rocas. El ambiente era tranquilo y, el poco movimiento que se obser¬vaba durante la mañana, era ocasionado por los proveedores y vendedores ambulantes a quienes se dirigía Andrés  solicitando limosnas para el convento y para otros fines piadosos, como las Ánimas del Purgatorio, la propagación de la fe y la devoción a Nuestra Señora de la Cabeza.  Su actitud para con todos era paciente, afable y modesta, dando buenos consejos, aun al recibir insultos, burlas y desprecios, Andrés regresaba al convento a la puesta del  sol y en la noche rezaba con la comunidad.

4. Una Fe Simple

El 1° de julio de 1840, el Papa Gregorio XVI elevó la sede de Santiago a Arzobispado y nombró como primer Arzobispo a Mons. Manuel Vicuña Larraín, quien tomó posesión el 21  de marzo de 1840. Manuel Bulnes asumió la Presidencia el 18 de septiembre de 1841 en un ambiente de concordia, alegría general y estabilidad económica, si bien el país sufría las  consecuencias de las malas cosechas de los años anteriores y la salud pública comprometida con viruelas y otras enfermedades. El 25 de marzo de 1842, llegó desde Montevideo a Valparaíso, el Pbro. argentino Pedro Ignacio de Castro Barros (1777-1849). Nació en Chuquis, pueblo de La Rioja en la  República Argentina, se Doctoró en Teología en la Universidad de Córdoba, en 1813 fue condecorado con el título de misionero apostólico por el Obispo Rodrigo Antonio de  Orellana. Recibió de sus compatriotas la diputación para la asamblea del año XIII; Representante de la Rioja al Congreso de Tucumán en 1816-1819. Firmó el acta de la  Independencia Argentina. Durante el provisorato del doctor don Juan Justo Rodríguez (1827) fue nombrado Castro Barios Visitador de la Provincias de Cuyo, cuyo cometido  principal se refería a restablecer los conventos de los regulares. El 1° de mayo de 1829, por voto unánime de los capitulares de Córdoba, fue nombrado Provisor y gobernador  del Obispado hasta el 11 de junio de 1831 en que renunció.  En 1833 pasó con licencia a Montevideo. En los siete años que allí permaneció, recorrió misionando detenidamente gran parte de los pueblos del interior de la República del  Uruguay, sin contar la capital, Montevideo, donde predicó dos cuaresmas y dio misiones y Ejercicios. Pedro Ignacio de Castro Barros se estableció en Santiago como huésped en la Recoleta Franciscana, donde ejercería una gran influencia en Andrés. Fue profesor de teología y  filosofía en el Convento y en el Seminario de Santiago, y se dedicó a la predicación y a las misiones. Se preocupó de difundir las devociones adquiriendo y reeditando varias obras entre las que figuraba una vida de Santa Filomena Ejerció también un gran influjo en el clero,  especialmente en Valdivieso, Salas y Larraín Gandarillas. Fue el primer sacerdote que declaró en Chile la guerra al regalismo y al patronato regio. Castro Barros regaló al  hermano Andrés una imagen de Santa Filomena cuya devoción propagó entre los habitantes de la ciudad, llevándola por todas partes.  El culto a Santa Filomena proviene del epígrafe: Pax Tecum Filumena, pintado sobre tres tejas de barro, encontradas en el cementerio de Priscila, donde el 25 mayo de 1802,  Monseñor Jacinto Ponzatti, custodio de las reliquias,presidió la apertura de la tumba. Acompañaba el epígrafe el dibujo de una palmera, tres flechas, dos anclas y una flor  que fueron interpretados como signos de martirio. En el 1833 se agregó la revelación de Sor María Luisa de Jesús (1799-1875), que obtiene el imprimatur del Santo Oficio el  21 de diciembre del mismo año. El 10 de agosto de 1835, Paulina Jaricot, fundadora de la obra de la Propagación de la Fe y del Rosario viviente, obtuvo la sanación.  Gregorio XVI (1831-1846), concedió la Misa y oficio de Communi para el 11 de agosto. En 1837, San Juan María Vianney hizo construir un altar a Filomena, difundiendo su  devoción. En Italia, además de las Congregaciones laicales de las Herma¬nas de Santa Filomena, fundadas por Francisco De Lucia, le dedicaron numerosas asociaciones  femeninas, institutos de educación, oratorios e Iglesias. Bartolo Longo fundador del Santuario de Pompeya, la propuso de Patrona y modelo de sus huérfanos. Diversas obras y  movimientos católicos de Francia nacieron bajo su protección. Juan Le Prevost fundador de los Hermanos de San Vicente de Paul y de la obra de S. Filomena, erigió en París,  el Santuario dedicado a la Santa. Los Santos Pedro Chanel, Pedro Eymard y Magdalena Sofía Barat fueron sus devotos.  Pío IX (1846-1878), el 7 de noviembre de 1849, celebró la Misa en Mugnano, donde se encontraban las reliquias. El culto tuvo una gran difusión en Europa y los misioneros la  extendieron por América. En 1898, Monseñor Antonio De Waal estudió el epígrafe y la simbología; de la investigación dedujo que el epígrafe no correspondía al cuerpo de la joven encontrada, sino que  fue escrito en el siglo IV en tiempos de paz. Las tejas habían sido reutilizadas sucesivamente. En 1961, la Sagrada Congregación de los Ritos, con motivo de la reforma  litúrgica, suprimió del calendario litúrgico el nombre de Filomena, ante las conclusiones de los estudiosos: no apareció ningún signo positivo de martirio, pax tecum no  existió en los epígrafes de mártires, las mismas tejas con la inscripción, habiendo sido reutilizadas, no dieron garantía de la identidad de la joven. Tanto le impactó al hermano Andrés la vida de la Santa que tomó el nombre de Filomeno. En 1850, el 9 de diciembre, pagó al arquitecto Fermín Vivaceta (1829-1890) la  cantidad de 448 pesos y 4 reales por la construcción del Altar a Sta. Filomena. Por medio del comerciante Joaquín Iglesías encargó a Europa ornamentos para la Iglesia y, el  16 diciembre, fundó ante el escribano Manuel Joaquín Frías, dos capellanías, una de $ 4.500 con limosnas recolectadas para Santa Filomena y otra de $ 500 con el dinero que  traía cuando arribó al país. Estas fundaciones establecen: 4500 pesos para que, con sus réditos, a razón del 5% anual, se costee la Novena y Fiesta de Santa Filomena en el  templo de la Recolección, terminando la fiesta el día 11 de agosto de cada año; con los mismos réditos se celebrará una misa cantada en el altar de la santa, los segundos  domingos de cada mes, dotadas a 4 pesos y 2 1/2 reales cada una. De los 500 pesos restantes, hace otra fundación, cuyos réditos deberán aplicarse a veinte misas rezadas que  empezarán a celebrarse el día 12 de agosto de cada año, y terminarán con una misa cantada dotadas en cinco pesos, todas en sufragio de las ánimas del Purgatorio. Nombra por  patrón y capellán de ambas fundaciones al convento de su Orden.

 5. Construyamos la Casa de Dios

El ambiente religioso del pueblo era milagrero y devoto, pero se fueron produciendo cambios. Así, por ejemplo, los serenos o guardianes de policía dejaron de pronunciar  como saludo el Ave María Purísima; por otra parte, fueron promulgadas, en 1843, la ley sobre matrimonios de disidentes y la ley sobre el patronato civil. Monseñor Manuel Vicuña fundó, el 1° de abril de 1843. la “Revista Católica” para contrarrestar las ideas anticlericales. Este mismo año el escritor Francisco Bilbao, famoso  por sus ataques al Catolicismo, propagó las ideas de Lamennais y de los enciclopedistas; publicó, en esta época, su libro “Sociabilidad Chilena” que causó gran escándalo.  En 1843, Fr. Vicente Crespo, Guardián de la Recoleta, dio inicio a la construcción del nuevo templo. En el clima poco propicio de la época y a pesar de ella, Andrés fue un  infatigable recolector de limosnas para el templo y se dedicó a recorrer el Departamento de Santiago que, a la sazón, contaba con una población de 95.795 habitantes.  El pueblo, ajeno a las corrientes anticlericales respondió con generosidad a la solicitud de Fr. Andrés, que fue haciendo posible la realización de la obra.  El 29 de noviembre de 1844, se presentaron a la Intendencia de Santiago los primeros planos para el nuevo templo. Revisados los planos por el cuerpo de Ingenieros Civiles  de la Intendencia, fueron aprobados en diciembre del mismo año con ciertas modificaciones concernientes al coro, sacristía y guardarropas. Se le pidió a Fr. Vicente,  además, para su respectiva aprobación, los planos de elevación de murallas y perfiles, incluyendo la fachada. Una vez obtenido este primer visto bueno, el 12 de enero de  1845, el hermano Andrés participó en la ceremonia de colocación de la primera piedra, a la que asistieron el Arzobispo electo, Mons. José Alejo Eyzaguirre, el Ministro de  Justicia, Culto e Instrucción Pública, don Manuel Montt, el Ministro de Guerra y Marina, General don José Santiago Aldunate, el Intendente don Miguel de la Barra y otros. La construcción fue dirigida por don Antonio Vidal, miembro de la primera junta de Beneficencia creada en 1832 y responsable de la vigilancia del régimen higiénico de los  conventos. Antes de un año, se había abierto una Capilla al público, en el lugar que posteriormente sirvió de coro.

6. Junto a los Obreros

El 25 de julio de 1846, es reelegido Presidente don Manuel Bulnes. El Papa Pío IX eligió, el 4 de octubre de 1847, como Arzobispo de Santiago, a don. Rafael Valentín  Valdivieso, siendo consagrado en Santiago el 2 de julio de 1848.  En esta época, el hermano Andrés estaba dedicado activamente a las obras sociales. En los años 1848 y 1849 reunía, en la Recoleta Franciscana, todas las noches, a las 21  hrs., a unos 50 obreros. Rezaban el Via Crucis, tomaban una disciplina, decían algunas breves oraciones y finalizaban con algunas reflexiones del Hermano. Entre los años 1850-1851, Andrés, junto al P. Francisco Pacheco, reunieron a los obreros en la “Hermandad del Corazón de Jesús”. Dentro de la Hermandad se ayudaban en todas  sus necesidades espiri¬tuales y materiales, en casos de pobreza, enfermedad, vejez y accidentes de trabajo. Pasados unos años, la Hermandad poseía en Santiago, 17 capillas,  escuelas y diversos talleres, con 4000 socios y 3000 socias; posteriormente se extendió a Maipú, Rancagua y Valparaíso

7. Amor Sin Reservas

Numerosos testimonios de la época se refieren a Fray Andrés y su actividad caritativa que le hicieron famoso entre los habitantes de Chile. Visitaba frecuentemente la  Cárcel de Santiago y el Hospital. Además de confortar a muchos en la portería del Convento, llevaba medicinas, preparadas por él mismo, a los enfermos en sus casas y visitaba a los moribundos No eran pocos  los que solicitaban su intercesión en la oración por diversas necesidades espirituales y materiales Los domingos repartía pan y frutas a los pobres. Por la tarde invitaba a  la gente al cementerio para rezar el Via Crucis o el rosario por las Animas. En sus visitas a los hogares incentivaba a la juventud a la vida religiosa y sacerdotal. Monseñor Crescente Errázuriz Valdivieso (1839¬-1931), V Arzobispo de Santiago,  recordaba cómo Fr. Andrés visitaba su casa con el fin de pedir limosnas; una de las veces dijo a su madre: “Este niño va a ser sacerdote”. El pueblo le llamaba cariñosamente Fray Andresito y era conocido en los distintos medios sociales.

8. Anunciador de Paz

En 1850, regresó de Francia el escritor y sociólogo Francisco Bilbao, que, junto con otro escritor, Santiago Arcos, fundaron “la Sociedad de la Igualdad” y el periódico “El  amigo del pueblo”. La nueva institución agrupó a un número respetable de obreros y se transformó en un club político de ideas liberales y anticlericales. Bilbao, opositor  al gobierno de Bulnes, promovió disturbios que obligaron al gobierno a declarar el estado de sitio el 7 noviembre del mismo año. El 20 de abril de 1851, el Coronel Pedro Urriola se levantó contra el gobierno apoyado por el partido liberal pretendiendo formar una junta de gobierno. El Coronel Urriola  no consiguió su objetivo y murió en la acción. En el mes de julio del mismo año, se celebraron las elecciones; el Partido Liberal, aunque desorganizado, presentó la candidatura del General José María de la Cruz y el  gobierno conservador la de don Manuel Montt, que venció.  Los días 7 y 13 de septiembre estallaron en la Serena y Concepción, un levantamiento revolucionario en el que aparecía, como caudillo, el general de la Cruz que avanzó  hasta Talca. El 8 de diciembre, día de la Batalla de Loncomilla, Andrés vivió con angustia el evento, en oración, entrando y saliendo de la Recoleta, compartiendo las penurias de la  gente. El 18 diciembre 1851 se firmó la capitulación de Purapel, que puso fin a la guerra civil, iniciándose un nuevo período de paz y tranquilidad.

9. Sus Últimos Días

La expresión “Alabado sea Dios” lo identificó, en sus respuestas simples y breves, hasta los últimos momentos de su vida. Los primeros días de enero 1853, Fr. Andrés fue a casa del Dr. Vicente Padin llevando, de regalo, su bastón porque ya no lo necesitaría más y visitó a don. Francisco  Ignacio Ossa, solicitándole mandar decir misas por su alma.  El domingo 9 de enero, Andrés no asistió a la primera misa de las cuatro y media de la mañana que acostumbraba ayudar. A las cinco y media de la mañana, se dirigió a su  cuarto un hermano donado con el fin de pedirle un remedio para la vista que solicitaban en la portería, encontrándolo muy debilitado. No obstante, a las 6 hras. asistió al templo a escuchar la Misa, pero, sintiéndose muy fatigado, volvió pronto a su cuarto. El hermano enfermero, que acudió a visitarlo,  constató la gravedad de su estado de salud y le suministró algunas medicinas, ante la imposibilidad de encontrar un médico. Cuando los médicos lo visitaron, al día  siguiente, sólo pudieron constatar que “la enfermedad era de muerte”. El Dr. Fontecilla le diagnosticó una pulmonía y, en su presencia, se le practicó una sangría como un medio para aliviar la fiebre. Mientras tanto, la noticia de su  enfermedad se propagó por toda la ciudad, conmoviendo a gente de todos los estratos sociales y muchos acudieron a la Recoleta para saber de su salud.  El día 12, Andrés pidió a Fr. Pacheco, que le asistía, que no se preocupase y descansase porque el viernes moriría. El jueves 13, los médicos aconsejaron sacramentarlo, y  el enfermo recibió el viático y la Extremaunción, rodeado de la comunidad. Pidió perdón por las ofensas causadas y por los malos ejemplos, el hermano enfermero lo invitó a  callar a lo que obedeció prontamente. Finalmente, solicitó al Guardián un hábito para cubrir su cadáver y una sepultura, lo que le fue otorgado y luego emitió la profesión solemne. A las 21 hrs., Andrés le dijo  a Fr. Pacheco: “Moriré mañana a las ocho”. Tal como lo había anunciado, el hermano Andrés falleció el 14 de enero de 1853 a las ocho de la mañana. Sus restos mortales fueron expuestos en el coro del Convento, detrás de la reja, donde fue visitado por una multitud de gente de todas las condiciones sociales; los  religiosos acompañaron permanentemente su cadáver y después de cena, la comunidad elevó las preces por su descanso. Fr. Juan Antonio García leyó unos versos. Sus funerales se efectuaron el día 15 y, a tempranas horas, comenzó a llegar la gente, incluso desde fuera de la capital. A las nueve de la mañana comenzó la Misa de  Requiem presidida por el Guardián, Fr. Francisco Pacheco. Una vez finalizado el rito, tanto los religiosos como los clérigos presentes se dirigieron al coro, donde hicieron  uso de la palabra Fr. Francisco Villarroel y Fr. Juan Bautista Díaz; luego el cortejo fúnebre marchó hacia el cementerio, situado en el interior del Convento. Antes de  proceder a su sepultura, se pronunciaron otras oraciones fúnebres, expresión de admiración y gratitud hacia la persona de Fr. Andrés.

1853-1993

1. La Prensa

El mismo día del fallecimiento de Fr. Andrés, El Progreso, diario de Santiago, se refería a él afirmando: “…su caridad evangélica le había granjeado tal popularidad, que podemos asegurar que no habrá una persona en la Capital que no le haya conocido. El pobre de Santiago ha  perdido con él un apoyo Y el consolador de su desgracia…”  Los periódicos, durante varios meses, siguieron dando informaciones sobre la muerte del Siervo de Dios: se publicaron los discursos en su honor y se dieron a conocer las  primeras biografías y acciones de gracias de los fieles. En los artículos de prensa se destacaron las virtudes del hno. Andrés; así, por ejemplo, el 21 de enero, el  Mercurio de Valparaíso afirmaba: “La fama de las virtudes del lego, la sana doctrina que vertían sus labios, los consuelos cristianos con que calmaba los sufrimientos del  alma, la sublime caridad con que atendía al pobre en sus enfermedades, le dieron la popularidad que gozó en vida y el renombre de santo con que era conocido en el pueblo…”  Pocos días después, el 17 de febrero, el mismo diario comentaba la popularidad poco común de Fray Andresito. En vista de que muchos habían solicitado su retrato el Mercurio  hizo una litografía que la puso a la venta en la agencia del periódico junto con el retrato del Arzobispo Rafael Valentín Valdivieso. Durante todo el siglo XIX, en diversos diarios de la nación se siguió escribiendo sobre Fr. Andresito. Se le denominó “apóstol de la caridad”, “apóstol incansable del  bien”, “santo religioso”, etc. En 1892, apareció por primera vez, un artículo sobre él fuera de Chile, en la “Revista Carmelitana” de Barcelona. En 1893 la prensa comenzó a  informar de los pasos para incoar la Causa de Beatificación”.  Incluso la prensa anticlerical, en su ataque a la propaganda de Fr. Andrés, revierte en favor de éste. La Verdad (14 agosto 1893) le acusa de lego limosnero que hostigó al  vecindario con demandas de dinero para construir una especie de santuario, de no contribuir al mejoramiento de las costumbres o al progreso del pueblo con algún trabajo y  de no haber predicado, ni enseñado nada, porque era un isleño rudo e ignorante. El siglo XX ha visto una profusión de escritos sobre la vida del hermano Andrés y el estado de la Causa; en todas se manifiesta la devoción popular existente: gran número  de personas visitan su tumba para pedir su intercesión y manifestar su gratitud por gracias recibidas.  El Mercurio invitaba a conferencias sobre su vida, Las últimas Noticias publicó su retrato, La Cuarta, La Prensa, La Patria y la Revista Zig-Zag, entre otros, escribieron  artículos sobre su vida. Se le ha denominado, durante este siglo, como el “humilde limosnero franciscano”, “Fr. Andresito, el mendigo de Dios”, el “precursor del movimiento obrero”, “protector de  los desvalidos” y “médico de los enfermos”. En 1927, el Vice Postulador Fr. Bernardo Tasch fundó la “Hermandad de Fr. Andrés”, propagada por todo Chile, y Fr. Jaime  Calderón, en 1977, fundó la sociedad “Amigos de Fr. Andresito”. Se publicaron listas de cientos de devotos de todos los lugares de Chile y del extranjero (Argentina,  Bolivia, Estados Unidos).

2. Celebraciones

El 10 de julio de 1855, se procedió a exhumar el cadáver del Hno. Andrés. Estuvieron presentes, entre otros, el juez don Juan Francisco Fuenzalida, la comunidad franciscana  y otras personalidades. El cadáver fue encontrado incorrupto. El Arzobispo don Rafael Valen¬tín Valdivieso visitó el lugar y afirmó: “En cuanto a que sea una cosa extraordinaria o sobrenatural la conservación del cadáver de Fr. Andrés, estando al lado de un canal de agua durante dos años, esto lo dirán  los hombres de ciencia a los cuales les hemos encargado este punto, pero que todos hemos tenido a ft Andrés por un santo, sin que con esto nos anticipemos al juicio de la  Santa Sede, esto no presenta ninguna duda”.  La comisión que, el día 15 de julio, examinó el cadáver, estuvo formada por 6 peritos entre los que destacaban los doctores Lorenzo Sazié y Vicente Bustillos, el secretario  de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas y el Rector (1867-1883) de la Universidad de Chile, Ignacio Domeyko. El informe de los facultativos no encuentra causas  naturales que favorezcan el estado de conservación del cadáver. El traslado se realizó el 23 de julio con la presencia del Arzobispo Valdivieso y con la asistencia masiva de fieles de todas las condiciones sociales y de las comunidades  Domínica, Mercedaria, Agustina, Franciscana y miembros del clero secular. Los discursos fueron pronunciados por el Provincial mercedario Francisco de Paula Solar, el Prior  de Santo Domingo, Tomás Robles y la oración fúnebre estuvo a cargo del Prebendado Juan Francisco Meneses.  Una vez depositados sus restos dentro del templo, los fieles visitan su tumba constantemente y se encomiendan a su intercesión, mandan aplicar misas y hacen ofertas. Su  fotografía se encontraba indistintamente en las casas de ricos y pobres.  El 10 de julio de 1893 se celebró una Misa presidida por el Arzobispo de Santiago don Mariano Casanova en recuerdo de Fr. Andrés, con asistencia de autoridades civiles y  eclesiásticas. Estuvieron presentes, en esta ocasión, el Ministro del Culto, Ventura Blanco y Viel, y el General Manuel Baquedano. Los fieles se aglomeraron dentro y fuera  del templo debiendo intervenir la fuerza pública. La predicación estuvo a cargo del Presbítero Ramón Ángel Jara. Dijo en su exordio:  “¡Qué tremenda sorpresa darnos en este instante a la soberbia humana! ¿Qué dirá ella que mide la grandeza de los hombres por la sombra que arrojan sobre el suelo en  presencia de una ciudad entera que se agita, que se agolpa bajo los atrios del templo, y que congrega a Obispos, magistrados y sabios, y que despliega inusitada pompa para  honrar un sepulcro abierto hace cuarenta años, y en el cual no duermen las cenizas de un soberano, ni de un guerrero, ni de un príncipe de la Iglesia, sino los huesos de un  oscuro extranjero, de un limosnero de nuestras calles, de un pobrecito lego franciscano?… “.  El día 28 de mayo 1929, se realizó la segunda exhumación de los restos de Fr. Andrés en el templo de la Recoleta Franciscana, inspección ordenada por el tribunal del  Proceso Apostólico. Estuvieron presentes en la ceremonia 50 testigos. El presidente del tribunal, el Presbítero don. Francisco Javier de la Fuente, tomó juramento al  Guardián Fr. Jerónimo Muñoz, al Párroco Fr. Bernardino González; a los doctores Jorge Cáceres, Víctor Barros y Arturo Atria, al Notario Javier Echeverría y finalmente a los  cuatro obreros que debían intervenir. El 14 de enero de 1953, se conmemoró el centenario de la muerte de Fr. Andrés, presidido por Monseñor Bernardino Berríos, Obispo de San Felipe. Se encontraban presentes  miembros de las diferentes órdenes, sacerdotes del clero secular y centenares de fieles que oraron ante el sarcófago donde se guardan sus restos. Años más tarde, el 14 de mayo de 1985 en la Recoleta Franciscana, el Cardenal Juan Francisco Fresno, Arzobispo de Santiago, acompañado de Mons. Joaquín Matte, Obispo  Castrense, de religiosos y miembros del clero secular, bendijo la Sala de reliquias de Fr. Andrés, ante el Alcalde de Santiago, Carlos Bombal, y otras autoridades. Hasta el día de hoy, los devotos de fr. Andrés se reúnen los días 14 de cada mes en la Recoleta Franciscana para orar, junto a su tumba, por su pronta canonización.

3. Síntesis del Proceso de Beatificación y Canonización

El 16 de enero de 1893, el Padre Guardián, Julio Uteau, en nombre de la comunidad franciscana, solicitó al Padre General autorización para iniciar la Causa de Canonización.  Recibida la licencia del P General, el P Uteau pidió, el 29 de noviembre del mismo año, al Arzobispo Mariano Casanova, autorización para instruir el Proceso Informativo  “Super Fama Sanctitatis” de Fr. Andrés García Acosta.  Monseñor Mariano Casanova, el 2 de diciembre del mismo año, nombró a su Obispo auxiliar, Dr. Juan Guillermo Carter, juez delegado para la formación de los procesos sobre  fama de santidad y “non cultu”.  El 27 de abril de 1894, Fr.Julio Uteau fue nombrado Vice¬Postulador de la Causa por el Postulador General de la Orden de los Frailes Menores, Fr. Candido Mariotti. La  primera sesión del proceso Ordinario informativo se llevó a efecto el 17 de agosto de 1894 en presencia del Arzobispo de Santiago”.  A la muerte de Fr. Uteau (+ 3 junio 1900) le sucedió Fr. Berardo Calixto Montiel, nombrado el 6 de noviembre de 1900, por el Postulador General de la Orden, Fr. Ciro de  Pisauro. El 26 de noviembre de 1903, el proceso ordinario fue clausurado por el Arzobispo Mariano Casanova. El 2 de marzo de 1904, el P. Calixto entregó, en Roma, la Copia  legalizada del Proceso en la Sagrada Congregación de Ritos Dos años más tarde, el 21 de febrero de 1906, el Ministro General, Dionisio Schüler, envió la patente de Vice Postulador a Fr. Bernardino Díaz para sustituir a Fr. Berardo  Calixto y, en 1907, el Postulados General, Fr. Francisco María Paolini, lo ratificó.  Durante el pontificado de Monseñor Juan Ignacio González Eyzaguirre, la Congregación de Ritos, emanó el “Decretum Aperitionis Proc. s/ Scriptis” (4 noviembre 1908), y  posteriormente, los de “Approba¬tionis Scriptorum” (9 agosto 1916), “Introductionis Causae” (25 abril 1917), y “Receptio plici Litterarum Remiss.ne pereant” (23 junio 1917)  El 29 de septiembre de 1919, Fr. Bernardo Tasch fue nombrado Vice Postulador por el Postulador General, Antonio Maria Santarelli. El 23 de mayo de 1920, el Arzobispo de  Santiago, don Crescente Errázuriz, inició el Proceso Apostólico sobre las virtudes y milagros del Siervo de Dios y nombró juez delegado a su Vicario General, Melquisedec  del Canto. El 15 de julio de 1921, siendo Cardenal ponente Monseñor Antonio Vico, se dio el decreto de “Non Cultu” confirmado por el Papa Benedicto XV  En junio de 1928, la Provincia Franciscana designó Maestro de Novicios al P. Tasch y éste presentó su renuncia al cargo de Vice Postulador. El 23 del mismo mes, fue  nombrado Vice Postulador Fr. Pedro Bustos. Siendo éste Vice Postulador, el 8 de junio de 1929 se confrontan los textos en Santiago de Chile y, el 18 de enero de 1930, se  dio el decreto de apertura del Proceso Apostólico. A partir de este momento, la causa no continuó por diversos motivos: Crisis a nivel de la Provincia Franciscana en los  años 1936, crisis económica nacional y errores de tipo técnico jurídico en el proceso apostólico. A esto hay que agregar la razón quizá más importante: el cambio de las  normas de la Congregación de Ritos contenidas en el Motu proprio “Gia da qualque tempo”, del 6 de febrero de 1930, creando la sección Histórica.  Todo quedó en suspenso, por falta de interés y de personal calificado en la Provincia, hasta 1950. En este año, el Ministro Provincial, Damasceno Espinoza, nombró, el 29 de  junio, como Vice Postulador, a Fr. Luis Olivares Mofina, que se encontraba en Roma estudiando Historia Eclesiástica en la Pontificia Universidad Gregoriana. En 1975, el Postulador General, Fr. Antonio Cairoli, manifestó en Roma a Fr. Hernán Alvarez y Manuel Becerra que se debía preparar una exhaustiva investigación de archivo. Sólo 15 años más tarde, se renovó el interés por la Causa. En 1990, el Postulador General, Juan Folguera, envió al VicePostulador el permiso de la Congregación para las  Causas de los Santos para abrir la caja con la documentación de la Causa depositada en el Arzobispado. En consecuencia, el 19 de diciembre del mismo año, el Arzobispo  Carlos Oviedo, actual Cardenal desde 1994, presidió la ceremonia de apertura de la caja que contenía el Proceso Apostólico.

4. La Sangre de Fray Andrés

El 15 de julio de 1892, el P. Francisco Pacheco, en presencia del Dr. Eleodoro Fontecilla, testigo de la sangría realizada al Hermano Andrés durante su enfermedad, 40 años  atrás, como ya hemos dicho, y de otras autoridades, declaró, ante el notario Mariano Melo, que poseía un frasco con sangre de fr. Andrés que se conservaba líquida. En marzo de 1927, Fr. Luis Orellana, Ministro Provincial, llevó a Roma la sangre del Siervo de Dios. El 3 de mayo de 1933, el Postulador General, Fr. Antonio María Santarelli, recibió del Laboratorio Camilli, de Roma, el informe de este primer examen: se trata de sangre  humana; y no se hicieron otras pruebas químicas o biológicas.  Una parte de dicha sangre fue entregada por el Postulador General, Fr. Fortunato Scipioni, al Custodio de la Provincia, Fr. Sebastián Ramírez, que, el 5 de julio de 1939,  la llevó a Chile y la depositó en el Convento de la Recoleta Franciscana. En 1974, el profesor de la Universidad de Chile, Dr. Carlos Valenzuela, realizó una observación de la sangre y propuso hacer nuevos estudios, ratificando su informe el 8 de  agosto de 1993.

5. Literatura y Testimonios

Fuerteventura España

La fama de santidad de Fr. Andrés en su isla natal de Fuerteventura aparece, por primera vez, el año 1894 en una carta de Monseñor José Cueto de la Maza como consecuencia de la investigación solicitada, en 1893, por el Vice Postulador Fr. Julio Uteau. En 1917 y 1918, el obispo, Ángel Marquina y Corrales, escribió sendas cartas pastorales, editadas en el Boletín Eclesiástico de la Diócesis de Canarias, dando a conocer la vida de Fr. Andrés García, basadas en las informaciones y bibliografía enviadas por la Curia General de la Orden Franciscana y la Provincia de Chile en respuesta a su solicitud.  Su sucesor, Mons. Miguel Seria y Sucarrats, en su relación de la Visita Pastoral del 14 diciembre de 1925 a la Parroquia de Casillas del Ángel, describía la Casa del Siervo  de Dios y solicitaba se siguiera conservando como lugar de devoción, lo que se mantiene hasta nuestros días (1994). Los testimonios de los sacerdotes que han habitado la  Isla desde el año 1947, relatan la devoción existente que se manifiesta en procesiones y en la celebración eucarística, cada 14 de enero, para impetrar la pronta  canonización; los fieles ofrecen aceite, depositan dinero, etc. El Diccionario de Historia Eclesiástica de España, en su artículo sobre la Diócesis de Canarias lo denomina  “Apóstol de Chile”.

Chile

Numerosas han sido las publicaciones sobre Fr. Andresito que han aparecido en diversos medios de comunicación. El Nuncio Apostólico, Mons. Sotero Sanz, en una carta al Postulador General de la Orden Franciscana, expresaba en 1974: “Ojalá tengamos pronto en el catálogo de los santos  a este chileno español tan popular” Como testimonio del afecto popular y de su presencia entre el pueblo chileno, en la Sala del Siglo XIX del Museo Histórico Nacional de Chile se exhibe su fotografía, y, en  la ciudad de Santiago, existen una calle y una plaza con su nombre.  Con motivo de la visita de su Santidad Juan Pablo II a Chile, en 1987, el Señor Agustín Luna, Presidente de la Asociación “Amigos de Fr. Andresito”, entregó al Nuncio  Apostólico, Mons. Angelo Sodano, posteriormente Secretario de Estado de la Santa Sede, un libro con firmas para que lo hiciera llegar al Papa solicitando la pronta  Beatificación de Fr. Andresito. El Nuncio, en su carta de agradecimiento al Sr. Luna, le expresaba: “… Como Usted lo está comprobando, el mensaje de Fray Andresito está presente en la sociedad chilena, y lo importante es que este ejemplo de abnegada caridad continúe  orientando a los que lo admiran y veneran…” Monseñor Sodano, por su parte, durante su misión en Chile (1978-1994) había visitado varias veces la Recoleta Franciscana.. Nombrado Secretario de Estado (1991), volvió a  expresar estos sentimientos sobre el Siervo de Dios en la Homilía de la Misa de Acción de Gracias en la Basílica de San Pedro por la Canonización de Santa Teresa de los  Andes, el 22 de marzo de 1993. Son varios los libros y carpetas que hemos utilizado, con variedad de documentos que demuestran la fama de santidad de que goza Fr. Andrés, así como las cartas  Postulatorias de Obispos chilenos para la prosecución de la Causa.  El testimonio del Cardenal Juan Francisco Fresno, Arzobispo emérito de Santiago, en carta del 20 de agosto de 1993 al Postulador General, resume muy bien la intención de  este capítulo: “Creo que es importante hacer notar que en estos ya casi 80 años que tengo, recuerdo, ha sido constante la devoción que para este hermano Andrés García se tiene en la  población” Conclusión  El material encontrado y consultado durante la investigación es abundante, así como la bibliografía. Nuestro aporte ha consistido cubrir, en cada etapa, los vacíos existentes en su vida y en ubicar su contexto. Así, ha sido posible conocer, con la mayor exactitud posible,  el ambiente geográfico, social y religioso en que Fr. Andrés nació y vivió durante sus primeros años y se han esclarecido aspectos de su estadía en Montevideo. Aunque su permanencia en Santiago de Chile hasta su muerte, era conocida, este trabajo aporta un elemento nuevo: La utilización de la prensa y de los Procesos Ordinario y  Apostólico incoados para la Causa de Canonización. En relación a su fama de santidad, su recuerdo como hombre pobre y humilde sigue vivo en el pueblo chileno y en Fuerteventura.  A partir de la documentación examinada, se pueden establecer las siguientes constantes en la vida del Hno. Andrés: La presencia franciscana en todas las etapas de su vida.  Su constante acción pastoral en bien de la sociedad y de la Iglesia. La capacidad del inmigrante que se integra en su nuevo ambiente. El ejercicio de la vida de trabajo.